¿QUIÉNES SOMOS? ¿QUÉ HACEMOS?

La Asociación Civil TALLER FLOTANTE es una plataforma de proyectos relacionados al territorio islas y costa de la cuenca sur del Plata – Paraná. Es un espacio de producción, investigación y experimentación extra disciplinar y autogestivo, que busca superar visiones establecidas y divisiones políticas. Se trata de conjugar una serie de trabajos de despliegue territorial, con la activación de proyectos. En el acto de recorrer, viajar, propiciar el encuentro y el relato, activamos representaciones de un espacio emocional colectivo y volvemos a dotar a las representaciones territoriales de su vocación. Se trata de re-dotar al agua (marrón) de su aspecto simbólico, que pierde en su construcción moderna como H2O (agua universal incolora, inodora, insípida). El agua marrón del Paraná que arma y desarma lugares, por donde entran y salen migrantes de todo tipo y especie. Quizás allí resida una clave de identidades mestizas; un territorio inestable, que construye identidades en tránsito permanente. Trabaja desde la circulación de los territorios como forma de conocimiento, de lectura y escritura simultánea, a través de expedicionarios (investigadores, escritores, comunicadores, docentes, baqueanos etc.). La comunidad y el paisaje conviven en intercambios de saberes, desde modos y medios que cada unx dispone para interpretar los que acontece in situ. Su modalidad es de talleres y/o laboratorios; son las iniciativas que movilizan, vocaciones, testimonios, relaciones, generando nuevas estéticas. Cada proyecto desenlaza datos, relatos, informes, imágenes, objetos, formas, que desocultan la escala íntima del territorio, y lo exponen empoderado en las escalas regional y global que lo atraviesan (hidrovía Paraná-Paraguay, corredor bi-oceánico). Desde allí se constituye lo colectivo y se construye “lo público”. Fomentando la contaminación de saberes, la creación de híbridos y la copulación técnica/artística/ancestral que habilita nuevos mundos posibles.

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Turismo comunitario. El paisaje y la vida en primera persona


por Ana Fiol

Una mirada introspectiva y descriptiva de la historia en la voz de sus hijos e hijas

Un recorrido por la experiencia de nuestro pueblo, el territorio que habitamos, nuestra casa común, el horizonte colectivo.

El paseo que realizamos con las y los guías turísticos comunitarios de Victoria fue una experiencia antropológica y afectiva. Recorrimos unos trayectos del Quinto Cuartel, que empezaron en una plaza principal, en cuya esquina está ubicado un Bar llamado El Reino Salvaje. Esa primera parada nos permitió sumergirnos en la historia del Quinto y su cultura popular: la vida del pasado se dibujó frente a nuestros ojos conjurada por las historias y anécdotas de nuestros guías, hijos ellos mismos del lugar.


Esa esquina tan tradicional y famosa fue el escenario de toda una socialidad anterior, hoy desaparecida, hecha de almacén de ramos generales durante el día y bar de cartas, apodos locales y cuchilleros borrachos durante la noche. La fisonomía de unas formas de vida extinguidas y las historías de abuelos aparecieron en las voces jóvenes, los ojos oscuros, las pieles morenas de nuestros guías. Entretejidos dos tiempos, un presente de herencia y el ayer de la historia familiar, se nos llenaron los ojos de lágrimas cuando nuestros guías -una chica y un muchacho, simpáticos, vivaces, ¿Qué tenían en los ojos? ¿El brillo del amor y del orgullo que produce contar lo nuestro?- entrelazaban las historias de ese bar “El Reino Salvaje”, con fragmentos de sus propias vidas. “Nosotros somos nueve hermanos, yo soy la sexta y ya nací en Victoria. Mis hermanos nacieron en la isla, mi abuela fue la comadrona de dos generaciones”. Unas historias que empiezan en ese otro mundo de barro y de olores que han sido las islas, se trasladan a tierra firme a fuerza de buscar trabajo, ir a la escuela, parar la olla.

El Quinto ha sido un barrio de gente brava, extranjeros que fundaron el pueblo, pescadores. Cada familia, cada clan con su apodo de animales antropomorfizados, humanizados para señalar ese razgo, aquella característica, una cualidad única.

El recorrido continuó por una avenida ancha de casas muy antiguas y edificios abandonados, testigos mudos y decrépitos de un tiempo industrial: curtiembres, panaderías, caleras, grandes almacenes de abarrotes, el primer puerto de Victoria. Ahora, la historia económica del lugar se nos aparece mezclada con las biografías de infancia de nuestros guías. Y entonces, en esas voces de pueblo, con las melodías y modulaciones de la lengua de Victoria, el pasado se encuentra con el presente conjurado por nuestros guías de turismo comunitario, que nos ofrecen un relato afectuoso que nos emociona, de las historias de un tiempo que es de ellos y es de todos, que es común, comunitario, personal, público y político.