miércoles, 23 de mayo de 2012

Crónica periodística del Taller Flotante 2º entrega - por Claudio González

Las huellas de los isleros prehispánicos
Uno de los encuentros que generó mayor interés en el Taller Flotante de Islas que se llevó a cabo del 28 de abril al 1 de mayo en el islote Los Benitos, sin dudas fue la charla sobre cultura aborigen que centralizaron el arqueólogo platense Eduardo Apolinaire y el ceramista victoriense Carlos Flores.





A diferencia de otros grupos aborígenes, es muy poco lo que se ha podido precisar de la cultura Chaná, al punto que hasta poco más de una década atrás se consideraba que su idioma estaba totalmente perdido, hasta que apareció Blas Jaime, quien en su última visita a tierras victorienses arribó invitado por Flores, permitió recuperar algunos fragmentos, no sólo de carácter lingüístico, sino también mítico, ya que lo que Jaime recuerda, casi hasta mágicamente en la medida en que lo hizo en una lengua que no habló ni escuchó desde su infancia, son justamente algunas historias de ese carácter.

Las campanas
Pero lo que identificó a la cultura chaná antes de la aparición de Jaime fueron unas singulares piezas de cerámica que con forma de campana coronada por una cabeza “zoomorfa” según se explica más genéricamente, “de loro” en inmensa mayoría de los casos, algunas de las cuales pueden verse en Victoria en el museo Anadón, y anteriormente en el hoy cerrado museo de municipal de Arqueología y Paleontología. Pero también es cierto que hay varias colecciones particulares, donde posiblemente estén la mayor parte de las piezas mejor conservadas.
En la charla, desarrollada al calor del fuego, como muy probablemente los mismos chaná hicieran siglos atrás, Apolinaire explicó que el estudio que viene desarrollando un grupo de arqueólogos provenientes de La Plata en su mayoría, logró mapear más de 60 sitios de interés arqueológico en las islas, cerritos en los que se encuentran restos cerámicos y óseos (humanos), pero también una cantidad de elementos que permiten ir descubriendo algunas cuestiones -mínimas casi siempre- sobre la vida de los primigenios habitantes de las islas.
Así, por ejemplo, se pudieron determinar algunas cuestiones interesantes, como que los restos más recientes de esta datan de unos 500 años, mientras que en los estratos más antiguos se pueden establecer hallazgos que cuenta con cerca de un milenio de antigüedad.


Los cerritos
Otra cosa interesante es que los cerritos están formados por “capas” que fueron elevando el terreno, en muchos casos con tierra proveniente de los alrededores (los cerritos tienen un “diámetro” de algunas decenas de metros, aunque se trata de medidas muy variables), pero también en muchos casos provenientes de otros lugares comparativamente lejanos. Se trata, en general, de albardones que fueron elevados por la propia acción humana.
Tanto Flores como Apolinaire coincidieron en explicar que en muchos casos la arcilla con la que confeccionaban su alfarería no siempre correspondía con la tierra que se encontraba en el cerrito en el que fueron hallados, lo que abre una larga serie de hipótesis, pero que no es lo único que se halló en los cerritos cuyo origen es difícil de explicar, ya que algunos restos humanos fueron encontrados con ajuares que incluían piezas de cobre, un mineral que en nuestra región es casi imposible de hallar (se encuentra en hebras en la roca basáltica), y que se corresponde con el tipo de material que hay en las sierras, lo que indica una relación entre los chaná y otros grupos amerindios que habitaban a largos centenares de kilómetros de Victoria. ¿Comercio? ¿Dotes? ¿Ajuares? ¿Botines de saqueos? Es imposible precisar el origen de estas piezas, pero junto con hallazgos similares en otras culturas indican que los distintos grupos amerindios no eran culturas aisladas e interactuaban entre sí.


Las relaciones
Otro de los hallazgos interesantes radica en una larga serie de herramientas de piedra, principalmente puntas de flecha y algunos morteros, de un tipo de piedra que tampoco se encuentra en la región, sino que se corresponde nuevamente con las sierras, tanto de lo que hoy es Córdoba como del plato bonaerense.
El caso de los morteros es interesante, ya que sugiere distintos usos, tanto para el consumo de granos como para la elaboración de pigmentos, algo que aún no se precisó.
En materia de cerámicas, Flores llevó para mostrar a los expedicionarios algunas piezas, entre las que se cuenta una campana y una cuchara, así como una tercera pieza cerámica elaborada por él mismo con técnicas que se corresponden con las que pudieron haber tenido los chaná, y en la que no se aprecia una diferencia material con las halladas en los cerritos.
Sin dudas las sucesivas inundaciones han ido mellando los espacios en los que se encontraban restos de la cultura chaná, lo mismo que la presencia de ganado, que ante la creciente busca los espacios altos para pastar, pisoteando buena parte de esos restos.
Finalmente, en cuanto a las colecciones privadas, Apolinaire resaltó que si bien cuentan con piezas de gran interés, lamentablemente las retiraron del lugar donde fueron halladas, ya que mucha información se obtiene no tanto de la pieza, como del contexto en que se la encuentra, junto a qué otros objetos está, a qué profundidad, etc.


Guanacos
Una de las curiosidades que recordó Apolinaire en la conversación fue que los primeros españoles que recorrieron la región describieron la presencia de guanacos en las islas, algo que hoy nos parece sumamente extraño, pero que da una idea de cómo cambió el hábitat isleño. ¿Estaban domesticados? ¿Eran cazados por los chanás?


Corolario
Sin dudas hay mucho más para decir sobre este tema, pero se trata apenas de un primer acercamiento a uno de los tantos misterios de las islas victorienses.

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